Andarinos y andarinas
arropados por la brisa
y sin prisa
Paso a paso por senderos
ahuyentando la fatiga
y con vigor
al alba, es el caminar
al ocaso, el acabar
y sin fuerza
Doliente cuerpo
henchido corazón
y desazón
Vuela la vida
cual ruidosa gaviota
y caminante, camina
Caminante que compartes
el caer y el levantarte
y el sentir
Mirar con ojos del alma
la belleza del paisaje
y resistir.
Orondo girasol enrojecido,
lánguidas sombras
el atardecer se mece en el silencio
y el día se agota.
Pepa Fernández
(dedicado al grupo “ Los Venerables”)
Silente Estela (el alma en una foto)
Te llaman Estelita,
pero yo te llamó Estela
porque Estela es estrella
y eso es luz y es belleza
Música en tu nombre hay,
notas que suben y bajan
Silencios encadenados
Transparencia replegada,
luz y sombra
para dar a los que amas.
voz párvula y endulzada,
brillo de ópalo al paso emanas.
No ves tu sol,
porque te ciega el candor
mécete en el universo sin rubor,
que a pesar de todo
brillas, brillas con esplendor,
Y tú sin darte cuenta
mi silente Estela.
Pepa Fernández
10 de Mayo de 2006
pero yo te llamó Estela
porque Estela es estrella
y eso es luz y es belleza
Música en tu nombre hay,
notas que suben y bajan
Silencios encadenados
Transparencia replegada,
luz y sombra
para dar a los que amas.
voz párvula y endulzada,
brillo de ópalo al paso emanas.
No ves tu sol,
porque te ciega el candor
mécete en el universo sin rubor,
que a pesar de todo
brillas, brillas con esplendor,
Y tú sin darte cuenta
mi silente Estela.
Pepa Fernández
10 de Mayo de 2006
QUERIDA MAESTRA
QUERIDA MAESTRA
Fuiste Marial más que maestra, se queda corto el significado de la palabra. Si le doy la valoración exacta que tuvo para mi vida, tendría que añadir que fuiste modelo de disciplina y tesón; luz incandescente para enseñarme a ver la belleza del arte y la literatura; sabia consejera que me hizo distinguir lo autentico de lo banal; exigente en los estudios y cercana en la relación humana del devenir cotidiano, con dudas de adolescente y sueños de juventud. De esta forma quedo tu huella para siempre en la alumna que fui de aquel bachiller nocturno plagado de dificultades, tanto para los que éramos prematuros trabajadores, queriendo lograr a toda costa la cima del conocimiento académico, como para ti directora del Instituto, junto con todo el elenco de profesores, que os embarcasteis en un proyecto que marcaria un antes y un después en la enseñanza de este Gijón del alma.
Desde aquel cuartito donde hice el acceso al bachiller, porque el Instituto estaba dando los últimos toques para su inauguración, hasta hoy que recibes la medalla de esta hermosa y asequible ciudad, pasaron muchos acontecimientos, recibiste muchos homenajes, algunos te llenaron de gloria y satisfacción, como la imposición de la medalla de Alfonso X el sabio, rodeada de cariño y gratitud.
Quiero Marial que hoy recibas un humilde homenaje, el mío, que sale de lo más profundo de mi corazón y va impregnado de lagrimas de autentica emoción y alegría por estar todavía juntas y cerca en este camino que es la vida.
Para terminar me bastan tus palabras de agradecimiento en tu homenaje, que me hicieron recordar la frase alegórica de Baltasar Garcian: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Así fue tu glosa frágil y casi silenciosa, como tu persona:
“El acto lo dice todo, estoy muy emocionada, muchas gracias”
Gracias a ti, Marial
Tu alumna, Pepa Fernández
Fuiste Marial más que maestra, se queda corto el significado de la palabra. Si le doy la valoración exacta que tuvo para mi vida, tendría que añadir que fuiste modelo de disciplina y tesón; luz incandescente para enseñarme a ver la belleza del arte y la literatura; sabia consejera que me hizo distinguir lo autentico de lo banal; exigente en los estudios y cercana en la relación humana del devenir cotidiano, con dudas de adolescente y sueños de juventud. De esta forma quedo tu huella para siempre en la alumna que fui de aquel bachiller nocturno plagado de dificultades, tanto para los que éramos prematuros trabajadores, queriendo lograr a toda costa la cima del conocimiento académico, como para ti directora del Instituto, junto con todo el elenco de profesores, que os embarcasteis en un proyecto que marcaria un antes y un después en la enseñanza de este Gijón del alma.
Desde aquel cuartito donde hice el acceso al bachiller, porque el Instituto estaba dando los últimos toques para su inauguración, hasta hoy que recibes la medalla de esta hermosa y asequible ciudad, pasaron muchos acontecimientos, recibiste muchos homenajes, algunos te llenaron de gloria y satisfacción, como la imposición de la medalla de Alfonso X el sabio, rodeada de cariño y gratitud.
Quiero Marial que hoy recibas un humilde homenaje, el mío, que sale de lo más profundo de mi corazón y va impregnado de lagrimas de autentica emoción y alegría por estar todavía juntas y cerca en este camino que es la vida.
Para terminar me bastan tus palabras de agradecimiento en tu homenaje, que me hicieron recordar la frase alegórica de Baltasar Garcian: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Así fue tu glosa frágil y casi silenciosa, como tu persona:
“El acto lo dice todo, estoy muy emocionada, muchas gracias”
Gracias a ti, Marial
Tu alumna, Pepa Fernández
TEMBLOR, AMOR....
Dulce balbuceo
Serena quietud
Fija mirada
Llena de esperanza
Eco en la voz
Camino en niebla
A lo lejos luz
Con nebulosa manera
Voz entrecortada,
por momentos logos
y no palabras,
pesada losa
para cansina alma.
Solo queriendo puedo,
Con solo poder quiero,
Empeño y trabajo
Es tu muleta
Rebosante anhelo
De ti se adueña.
Pepa Fernández
(Dedicado a mi amiga Claudine)
Gijón, Octubre 2003
¿EXISTE EL CIELO?
El cielo,
¿Dónde está el cielo?
Está en tu olor
En el calor de tu abrazo
En tu cuerpo de pureza
En tu risa que es regalo.
Está en ese espacio sin horas
Está en el mirar de tus ojos
Embriagados de ternura juguetona
¿Cuándo estoy en el cielo?
Cuando siento tu cabeza
Reposada en mis senos
Cuando duermes en mis brazos
Y puedo palpar tus sueños
Cuando me coges mi mano
Y con su fuerza yo siento
Que tu corazón y el mío
Son parte de un mismo cuerpo
Cuando gozo con tus gracias
Cuando te lleve en mi arca
Cuando el trabajo es placer
Porque en la meta me abrazas
¿En el cielo se está….?
Se está, sintiéndote a ti en el aire
Deslumbrada por tu luz
Única entre las que hay
En la tierra y en los mares.
¿Entonces, existe el cielo?
Si, existe,
Cuando me dices
Mama, te quiero.
Pepa Fernández
Julio 2006
(Dedicado a mis hijas Covadonga y Carolina)
¿Dónde está el cielo?
Está en tu olor
En el calor de tu abrazo
En tu cuerpo de pureza
En tu risa que es regalo.
Está en ese espacio sin horas
Está en el mirar de tus ojos
Embriagados de ternura juguetona
¿Cuándo estoy en el cielo?
Cuando siento tu cabeza
Reposada en mis senos
Cuando duermes en mis brazos
Y puedo palpar tus sueños
Cuando me coges mi mano
Y con su fuerza yo siento
Que tu corazón y el mío
Son parte de un mismo cuerpo
Cuando gozo con tus gracias
Cuando te lleve en mi arca
Cuando el trabajo es placer
Porque en la meta me abrazas
¿En el cielo se está….?
Se está, sintiéndote a ti en el aire
Deslumbrada por tu luz
Única entre las que hay
En la tierra y en los mares.
¿Entonces, existe el cielo?
Si, existe,
Cuando me dices
Mama, te quiero.
Pepa Fernández
Julio 2006
(Dedicado a mis hijas Covadonga y Carolina)
NO QUIERO FLORES
A mis amores les digo,
No quiero flores,
No quiero flores
Cuando la luz de mi rostro esté apagada,
Cuando mi piel rosácea, sea ambarina.
No las quiero
Cuando mi boca no sonría
Y solo rictus se entrevea
Cuando el torrente de mi sangre
Ya no lo sea
Y en espesor varado se convierta,
Cuando mis manos, no sean manos
Dulces y acariciadoras
Y sean fría rigidez.
No las quiero,
Por no poder recrearme en su belleza
Porque mis secos ojos
No apreciaran sus colores
No, sin el placer de sentir en mi piel su roce.
No las quiero
No en la muerte,
Solo las quiero en la vida,
No soporto esa belleza apilastrada
En confusa montonera,
No quiero que se pudran en el suelo
No es sitio para ella.
Por todo,
En la muerte no las quiero
No las huelo
No las veo
No son para mí.
Pepa Fernández
Febrero 2006
No quiero flores,
No quiero flores
Cuando la luz de mi rostro esté apagada,
Cuando mi piel rosácea, sea ambarina.
No las quiero
Cuando mi boca no sonría
Y solo rictus se entrevea
Cuando el torrente de mi sangre
Ya no lo sea
Y en espesor varado se convierta,
Cuando mis manos, no sean manos
Dulces y acariciadoras
Y sean fría rigidez.
No las quiero,
Por no poder recrearme en su belleza
Porque mis secos ojos
No apreciaran sus colores
No, sin el placer de sentir en mi piel su roce.
No las quiero
No en la muerte,
Solo las quiero en la vida,
No soporto esa belleza apilastrada
En confusa montonera,
No quiero que se pudran en el suelo
No es sitio para ella.
Por todo,
En la muerte no las quiero
No las huelo
No las veo
No son para mí.
Pepa Fernández
Febrero 2006
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